AEDFI | Historias. La Selección española y la tragedia de la Guerra Civil
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HISTORIAS DE LA SELECCIÓN

La Selección española y la tragedia de la Guerra Civil

Por Rogelio Núñez

1936-39, tres años que pusieron fin a toda una época y que marcaron la historia del combinado nacional. La Guerra Civil española (1936-39) fue una tragedia que abarcó muchas dimensiones: nacional, personal, familiar, política, socioeconómica, cultural y también deportiva. Marcó un antes y un después para el país y para la Selección española no fue una excepción. De hecho, a la hora de hacer la historia del combinado nacional es evidente que el periodo que se abre con la creación de la Selección (en 1920 con motivo de los Juegos Olímpicos de Amberes) finaliza abruptamente con el estallido de la Guerra. Se inicia entonces un periodo oscuro para el combinado nacional marcado por el enfrentamiento que se vivió en suelo español y por la posterior Segunda Guerra Mundial (1939-45). Época en la que o no se jugaron partidos oficiales (1936-39) o se disputaron muy pocos (1939-45). La Guerra Civil provocó, además, la muerte violenta de jugadores de la Selección, como Monchín Triana; el final anticipado de algunas carreras (Ricardo Zamora); y el exilio de futbolistas que habían sido pilares del combinado nacional (Isidro Lángara).

La larga y sangrienta Guerra Civil tuvo, al menos, tres consecuencias directas sobre la Selección española de fútbol que por entonces contaba tan solo con 16 años de existencia:

1-. Una Selección desmembrada

En primer lugar, al igual que el país se partió en dos (las famosas y tópicas “dos Españas”), la Selección de fútbol dejó de existir en un bando (el republicano) y no representaba a la totalidad de la nación en el otro (el nacional).

En la España de Francisco Franco se intentó impulsar una Selección de fútbol que llegó a jugar dos partidos (no oficiales ni reconocidos por la FIFA). Ambos tuvieron un mismo rival, Portugal: en noviembre de 1937, en Vigo, y en enero de 1938, en Lisboa. Dirigidos por Amadeo García Salazar, en aquel equipo estaban los dos grandes defensas de la época, Ciriaco y Quincoces, así como Ipiña, Epi, Campanal y Chacho, el autor de seis goles a Bulgaria en 1933. Los dos encuentros frente a Portugal se perdieron por 2-1 y 1-0 respectivamente.

En la España republicana, se constituyó un combinado de jugadores vascos que formaron el equipo Euskadi, donde jugaban futbolistas internacionales de la talla de Luis Regueiro, quien ejercía de capitán y portavoz. Además, otros internacionales, columna vertebral de la Selección en los años 30, formaban parte de ese equipo: Blasco, el suplente de Ricardo Zamora, Cilaurren, Muguerza, Pedro Regueiro, Gorostiza, Lángara, Iraragorri o Emilín.

Aquel equipo vivió una historia que se transformó en una apasionante aventura: jugaron partidos en dos continentes. La primera escala fue Francia donde se midieron al Racing de París en el Parque se los Príncipes. Tras visitar Toulouse y Marsella, marcharon a Checoslovaquia, la URSS, Noruega y Dinamarca. La gira luego continuó por América (México y Cuba más un frustrado viaje a Argentina) hasta que aquel equipo acabó disputando la Liga mexicana en la temporada 1938-39 como Club Deportivo Euzkadi, quedando subcampeón liguero.

2-. La politización del fútbol y de la Selección

En segundo lugar, una intensa, y a veces violenta, politización lo permeó todo durante aquellos años (desde los tiempos de la II República a los de la Guerra) y el fútbol en general y la Selección española no escapó tampoco a ese proceso. En una deliciosa crónica, Julián García Candau recuerda que “dos grandes retratos de Franco y Oliveira Salazar presidieron el partido. En la tribuna fueron colocadas banderas de la Falange. En el palco de honor, el comandante militar de Vigo, Felipe Sánchez, el ex ministro portugués de la Guerra y el embajador portugués en Berlín. Antes del comienzo, para dar mayor solemnidad patriótica suenan los himnos que son oídos con el brazo extendido, el saludo fascista y los legionarios portugueses que asisten al partido gritan tres veces:

¡Salazar! ¡Salazar!, ¡Salazar!
¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!
¡Portugal! ¡Portugal! ¡Portugal!
¡España! ¡España! ¡España!
¡Viva Portugal! ¡Viva España!

Si la guerra es una forma de hacer política por otros medios (Clausewitz), el fútbol, en ocasiones, ha sido también a lo largo de la historia otra manera de hacer política. La “Selección española” del bando nacional y el equipo Euskadi acabaron siendo instrumentos de propaganda y de identidad ideológica o nacionalista al servicio de los diferentes regímenes así como fuente de financiación. A través de la proyección que daba el fútbol y estas selecciones y combinados, se buscaba obtener reconocimiento internacional así como visibilidad más allá de las fronteras. Se trataba, igualmente, promocionar la causa republicana y la nacional captando simpatías y respaldo económico.

El combinado de Euskadi fue impulsado muy directamente por el lehendakari José Antonio Aguirre, quien había sido jugador de fútbol en los años 20 militando en el Athletic. Como recuerda Fernando Estomba “prácticamente sólo Vizcaya constituyó el territorio que administró el Gobierno Vasco, formado por una coalición entre el PNV y el Frente Popular y presidido por José Antonio Aguirre, que, sin embargo, llevó a cabo una intensa labor de propaganda y acción exterior y organizó las evacuaciones infantiles al extranjero. Aunque, pese a todos sus esfuerzos, Bilbao caería en junio de 1937 en manos de Franco, en el contexto de esa intensa actividad del Gobierno Vasco, que era necesario sufragar, hay que enmarcar la creación del equipo Euzkadi”.

Por su parte, los jugadores del Euskadi, muchos de ellos ex internacionales con la Selección, se convirtieron en defensores de la causa, en este caso la republicana, y de una identidad, la vasca. En cuanto a la defensa de los ideales republicanos y de la II República como régimen, Luis Regueiro (25 veces internacional y el capitán del Euskadi) se convirtió en un defensor de la obra del gobierno autonómico y estando en París hizo declaraciones de este tipo: “En el País Vasco, como ustedes saben, las iglesias están abiertas al culto y los fieles las frecuentan mientras que dure la paz. Nosotros mismos somos profundamente católicos. Nuestra misión es puramente humanitaria y pacífica (…); la gente vasca desea sobre todo humanizar la guerra, evitar todo mal inútil, evitar sobre todo que los dolores de la guerra alcancen a las mujeres ya los niños y causen la ruina de la población civil”.

En el otro bando, la “Selección española” contó con el respaldo del régimen de Franco como una manera fortalecer vínculos con los aliados, ganar presencia internacional y romper el aislamiento. Como señala Xavier Pujadas Martí para el caso catalán, el deporte en general y el fútbol en particular “tuvo un papel propagandístico, estratégico y de aglutinador social parecido al de otras manifestaciones de la cultura de masas durante la contienda… la recuperación del deporte como espectáculo del ocio de masas paralelo al trauma de la guerra y en un momento de creciente militarización, precariedad y con la proximidad de los primeros grandes bombardeos no resultó una situación fácilmente asumida por los distintos sectores sociales y políticos emergentes en el conflicto. Sin embargo, se hizo realidad”.

Prueba de la intensa politización que se vivía es que la Selección del bando nacional vestía de azul –el color de la Falange- y no de rojo, el color del enemigo, mientras que el equipo Euskadi portaba los colores de la ikurriña.

3-. El final de una generación de futbolistas

La Guerra Civil puso fin a una gran generación de futbolistas que desde 1929 no había dejado de asombrar. Por ejemplo ganando 4-3 a Inglaterra en 1929 (la primera vez que los inventores del fútbol eran derrotados fuera de las islas). Además, España había completado un gran Mundial de 1934 (su primera participación en un Campeonato del Mundo), había derrotado a la Alemania de Adolf Hitler en Colonia en 1935 o goleado 13-0 a Bulgaria en 1933.

Esta progresión se interrumpió en 1936 y no volvería a reanudarse hasta 1945 una vez finalizadas las Guerra Civil española en 1939 y la II Guerra Mundial, seis años después. De la mano de otra gran generación que lideraría Telmo Zarraonaindia, Zarra, la Selección regresaría a la élite del fútbol mundial, aunque habría que esperar hasta el Campeonato del Mundo de 1950 en Brasil.

Rogelio Núñez

Doctor en Historia por la Universidad Complutense