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HISTORIAS DE LA SELECCIÓN

Quini, ariete en las áreas y caballero del fútbol

Por Rogelio Núñez

En 1981 la sociedad española vivía con el corazón en un puño y con el temor a que la incipiente democracia acabara siendo tan solo un paréntesis entre dictaduras y autoritarismos. Esa desazón se vio incrementada cuando una de las grandes estrellas futbolísticas del momento, Enrique Castro, “Quini”, fue secuestrada el martes 1 de marzo. El año de la dimisión de Adolfo Suárez y del golpe de Estado del 23 de febrero traía otra mala noticia. Durante 25 días sus captores le mantuvieron en cautividad hasta ser liberado el 26 de ese mismo mes. Su liberación fue muy significativa porque, ese mismo día y a esas mismas horas, la Selección española se imponía a Inglaterra en el mítico estadio de Wembley en un partido amistoso que los de Emilio Santamaría estaban utilizando para preparar el Mundial de 1982. Los jugadores supieron de la liberación en el descanso y pudieron ofrecerle el triunfo a Quini tras imponerse por 1-2, con goles de Zamora y Satrústegui. Juanito, que fue uno de los hombres más destacados del partido disputado en Londres, resumió mejor que nadie lo que los internacionales de la Selección sintieron aquella noche mágica: “Estoy contento por la victoria de España en Wembley, pero lo estoy mucho más por la liberación de Quini, que festejamos en el vestuario, al término del partido, con inmensa alegría. Esta ha sido una gran noticia para todos nosotros”.

Quini superaría aquella situación con esfuerzo y tenacidad: sería Pichichi esa misma temporada y acudiría después al Mundial de 1982. Demostró entonces, como ha vuelto a hacerlo recientemente, que es un hombre que no desfallece ante la adversidad. Como confesó en el diario Marca: “Un deportista es un luchador toda la vida. Soy un deportista y un hombre normal. Todos luchamos por algo, por la familia, por el deporte. A algunos la vida les ha golpeado más, pero a todos nos golpea. Pasan los años y, si no te pasa algo a ti, es a tus padres. Lo malo es que los de abajo pasemos a los de arriba, son los golpes más fuertes, cuando mueren los hijos. Si se te muere un familiar, aunque tenga 200 años, lo sientes como si tuviera 30… Llevo años luchando contra una enfermedad, se ha muerto un hermano, mis padres, un secuestro y ves la vida de otra manera. En lo más sencillo está lo bonito”.

Enrique Castro, nacido en Oviedo el 23 de Septiembre de 1949, tuvo una amplia trayectoria en la Selección española. Antes de llegar a la Absoluta, de la mano de Ladislao Kubala, conquistó el campeonato de Europa amateur de 1970 a las órdenes de don José Emilio Santamaría.

Varias ironías presiden la vida de Quini: iba para soldador y acabó como futbolista. Todo parecía conducirle a ser portero pero acabó siendo un ariete de leyenda: “En el fútbol hay que llegar a tiempo. Yo tuve la fortuna de llegar al Sporting en un momento en el que el equipo no metía goles. Estaba en el Ensidesa y veía puerta con facilidad, así que dio la casualidad de que el Sporting llegó a un acuerdo para probar a los futbolistas del Ensidesa, tener preferencia sobre ellos. Son golpes de fortuna, porque si el equipo hubiera estado bien no se habrían acordado de mí. Mi padre fue portero y los tres hermanos lo queríamos ser. Pero yo, como era el más pequeño, siempre era más bajo. Y antes, en mi época, se querían porteros altos, no a los pequeños. Aunque me gustaba la portería y no se me daba mal, me decían que jugara delante. De portero ya estaba mi hermano. Y de juveniles, si mi hermano no podía jugar, me ponía yo. Pero no me fue mal arriba”.

1970 fue, por lo tanto, un año muy especial para él. Además de proclamarse campeón de Europa amateur, logró el ascenso a Primera División con el Sporting y el Seleccionador Ladislao Kubala lo convocó por primera vez con el equipo nacional. El asturiano guarda un recuerdo muy especial de Laszly: “A veces me llamaba por teléfono, incluso cuando no me citaba, para explicarme los motivos, para decirme cómo me veía o para charlar…siempre se portó bien conmigo. Estaba muy pendiente de mí y solo puedo hablar bien de él por la experiencia que tuvimos”.

Debutó con la Selección en La Romareda contra Grecia y lo hizo como él mejor sabía, anotando uno de los goles de la victoria. Con 21 años, Quini, a quien también se le conocía como “El Brujo”, salió en la segunda mitad sustituyendo a una gran figura como Gárate. “Me enteré de aquella convocatoria por los medios, un poco como pasa ahora, y, lógicamente, tengo un recuerdo muy grato de Zaragoza porque allí debuté con la selección y eso no se olvida”, recuerda el delantero asturiano.

Con la Selección vivió otros momentos muy especiales. Disputó dos Mundiales (Argentina 1978 y España 1982 así como una Eurocopa: la de Italia de 1980). Fue 35 veces internacional y marcó 8 goles entre 1970 y 1982, uno de ellos contra Bélgica en el Campeonato de Europa disputado en tierras italianas. Hombre humilde y trabajador, fue siempre un admirador de otro de los grandes arietes de nuestra historia: “El mejor delantero que hubo de la historia del fútbol español ha sido Carlos Alonso Santillana, un señor fuera y dentro del terreno de juego. Ese tío fue impresionante” .

Glasgow fue testigo de una de sus mejores actuaciones como internacional con la Selección. Fue contra Escocia, un gélido 20 de noviembre de 1974. Los escoceses, equipo en el que jugaban hombres como Souness, Daglish o Jimmy Johnstone, se adelantaron en el marcador pero un gran Iribar (que paró un penalti) y un eficaz Quini, que anotó dos tantos, dieron el triunfo a España. El partido, que tuvo que ser interrumpido por la presencia de un perro en el terreno de juego, pudo acabar 1-3 de no a favor de España pero el colegiado Linnemayer anuló un tanto al bigoleador asturiano de la noche. Otras experiencias no fueron tan agradables para Quini en su paso por la Selección: la de peor recuerdo fue el codazo de George Best. Ocurrió en febrero de 1972 en Hull, Inglaterra, en un partido contra Irlanda del Norte. Con pocas opciones de conseguir esa clasificación, la Selección española dirigida por Ladislao Kubala debía jugar aquel 16 de febrero de 1972 en el Boothferry Park (Inglaterra), el estadio del Hull City. No lo hacía en tierras norirlandesas por la situación de inseguridad que se vivía allí, debido al terrorismo del IRA. En el minuto 25 de partido Quini, que jugaba de titular, trató de rematar un centro de Rojo I pero recibió un fuerte codazo de George Best que le rompió el pómulo izquierdo y le obligó a retirarse del terreno de juego. Best no fue amonestado pues el colegiado Jack Taylor no vio falta en esa acción. Como consecuencia de esta jugada Quini se perdió lo que quedaba de la temporada 1971-72 y parte de la siguiente (en total, un año fuera de los terrenos de juego). El jugador, sobre el terreno de juego, fue atendido por Teodoro Delgado, médico de la Selección por aquel entonces. Y en ese trance tan difícil volvió a demostrar ser un caballero: nunca dijo ni una sola palabra de lo ocurrido.

Quini, tanto como futbolistas como persona, dejó un recuerdo imborrable en la Selección. De hecho, una de sus características cuando vistió la camiseta roja fue su constante amor y entrega por el equipo nacional: “Lo único que tengo claro es que yo, siempre que he representado a España, lo he hecho con mucho orgullo y comprendiendo la responsabilidad que ello significaba. Dentro del país soy asturiano por encima de todo y trato de dejar a Asturias en lo más alto. Lo mismo sentía por España cuando competía fuera de nuestras fronteras”.

Rogelio Núñez

Doctor en Historia por la Universidad Complutense